Con sumo amor
En el trepidante mercado de las nuevas tecnologías, a las empresas ya no es les basta con la innovación, el diseño moderno y los precios asequibles: ahora lo fundamental es caer bien a los usuarios. El negocio les va de maravilla, porque los gadgets son para muchos un producto de primera necesidad y el pastel se lo reparten entre muy pocas marcas (¿alguien podría enumerar más de media docena de fabricantes de ordenadores?), pero aglutinar a una legión de fieles les resulta mucho más difícil. Aunque no imposible: hay una empresa que lo ha conseguido.

Si algunos ya consideraban a la compañía de Redmond un gigante autoritario, sus servicios en internet han sido el blanco de las críticas de Amnistía Internacional, por claudicar ante el gobierno chino y filtrar las búsquedas de todo lo que sonara a democracia o libertad. Microsoft no es la única que ha levantado la gran muralla digital: Google y Yahoo! también han caído en la tentación, con el sonoro abucheo de la cibersociedad occidental como respuesta. ¡Otros dos divorcios entre empresas y usuarios!
Entre tanto fracaso de imagen, ¿hay alguien que sepa comportarse en esta fiesta de bits y chips? Sí: la simpática Apple, que no sólo hace mucho dinero, sino que, por aplicar un palabrejo de estos que hacen furor entre los de marketing, es desde hace tiempo toda una lovemark: hay gente que quiere a la manzana más allá de la razón, le guarda lealtad y la defiende ante los herejes. Algún motivo tienen estos iFans: Noruega amenaza a Apple con prohibirle vender por internet canciones con protección, y el presidente, Steve Jobs, se despacha con una carta en la que aboga por quitar el candado a los archivos de iTunes. ¡Qué poco cuesta quedar bien cuando es para colocar otro millón de iPods!
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